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CORPVS INSCRIPTIONVM LATINARVM II
    
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ENRIQUE FLÓREZ
(Villadiego(Burgos) 21-07-1702, Madrid 05-05-1773)
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Historiador "oficial" y protegido del monarca ilustrado Fernando VI, el "Padre Flórez", de la orden de San Agustín, fue autor de la España Sagrada (ES), obra histórica que sirvió de referente y marcó las pautas a varias generaciones de historiadores. Tras realizar estudios de Artes y Filosofía en Valladolid, y Teología, Cánones y Escrituras en Salamanca, obtuvo los grados de bachiller y licenciado en la Universidad de Santo Tomás de Ávila y el de doctor en la de Alcalá de Henares en 1729. Fue esta localidad -en la que transcurrió gran parte de su vida (1725-1750)- un hito importante en su carrera pues no sólo residió en ella como alumno sino que durante varios años se presentó a la cátedra de Teología de su Universidad; le unía también a esta ciudad el desempeño del cargo de Rector en el Colegio de los Agustinos de Alcalá, en 1739, al que renunció en 1743, cuando fue elegido para él por segunda vez, alegando que le distraía tiempo de la investigación pues ya entonces había comenzado la redacción de la ES. Cuando después de siete intentos frustrados por fin, en marzo de 1751, fue nombrado por el rey catedrático de Teología en Alcalá, su dedicación en Madrid, por real orden, a la ES le impidió ocuparla por lo que renunció a ella en mayo de 1758: "El Mtro. Fr. Enrique Florez, del órden de S. Agustin, puesto con el mas profundo rendimiento á los pies de V.M., dice: Que en el año de 1751 se sirvió V.M., con consulta del Consejo, nombrarle catedrático de teologia de la universidad de Alcalá, cuya cátedra no ha podido regentar personalmente, á causa de hallarse ocupado en esta córte de órden de V.M. en la formación de otra obra; y haciendo falta á dicha Universidad la persona del catedrático, y que al suplicante le basta el honor con que V.M. se sirvió condecorarle, pone á sus Reales pies el nombramiento, haciendo dejacion de la cátedra, considerando será de su Real agrado. Asi lo espera de la benignidad de V. M. S. Felipe el Real de Madrid y abril 2 de 1758" (Méndez 1860, 51), lo que, en el fondo, debió suponer un alivio para Flórez pues no era precisamente de su agrado la ciudad -a pesar de que sólo residía en ella en invierno-, a juzgar por como la califica de "eremitorio complutense" (Campos 2002, 14); tampoco parece haber gozado de la simpatía de sus compañeros según se desprende de sus propias palabras: "hállome en una Universidad llena de Colegios y Doctores, pero tan solo que es preciso salir fuera para hallar compañía" (carta a G. Mayans, 4 de marzo de 1743, cf. Campos 2000, XVIII). En el mismo sentido se expresa su ayudante y continuador en la redacción de la España Sagrada, el también agustino Francisco Méndez, al indicar que la universidad complutense "le fue siempre contraria con capa de amiga" (apud Campos 2000, XVII).

Si al principio de su carrera estuvo volcado en el estudio de la Teología hasta el punto de que en 1730 su Orden le encomendó la elaboración de un manual sobre esta materia para los estudiantes del Colegio de Alcalá, su interés se iría decantando hacia los estudios históricos, especialmente a partir de 1740, año en que fue nombrado, por la Inquisición, revisor y visitador de librerías conventuales, cargo que puso en sus manos un inmenso caudal de información. Poco a poco la Historia Eclesiástica Primitiva de la Península se convirtió en el eje central de la investigación de Flórez; sobre él pivotarían el resto de sus actividades encaminadas a la obtención de documentación fidedigna y, a ser posible, coetánea a los períodos a historiar, para poder escribir la tan deseada historia libre de ficciones que todavía y, a pesar de todos los intentos llevados a cabo por sus predecesores y por la Academia de la Historia, no se había logrado. Sin duda es meritorio el esfuerzo autodidacta realizado por Flórez para adquirir la formación que no había recibido en la Universidad: "en las horas que me dexa la atención a los estudios Theológicos, en seguimiento de las Cátedras de esta Universidad he procurado actuarme en el importante culto de la venerable Antigüedad, y en especial de la ciencia Numismática" (carta a P. Leonardo de Villacevallos, 25 de diciembre de 1744, apud Campos 2002, 13). Sin embargo para el objetivo que perseguía sí suponían una gran ventaja sus conocimientos de griego y latín, así como de algunas lenguas vivas que dominaba, como francés, italiano y portugués, de algunas de las cuales incluso realizó traducciones al castellano.

Experto conocedor de la documentación, la consulta tanto personal como de sus obras fue obligada para todos aquellos que trabajaban sobre aspectos históricos en el sentido más amplio pues, como afirma Salvador y Barrera, "en una nación como la nuestra donde no hay gloria nacional que no sea a la vez gloria religiosa..., escribir su historia religiosa llevaba consigo el gigantesco empeño de escribir su historia social, política, militar, científica y literaria..." (1914, 32 apud Mora 1998, 85). Buen reflejo de ello son tanto las numerosas respuestas que se editaron a sus obras, que él, muchas veces, replicaba, como la ingente correspondencia literaria y científica cruzada con numerosos eruditos e intelectuales ilustrados, entre los que se contaban todos aquellos que se dedicaban al estudio de las Antigüedades, la Epigrafía y la Numismática, y los que se ocupaban también de la Historia Antigua y Tardoantigua de la Península Ibérica, estuvieran o no de acuerdo con su capacidad como historiador. Entre ellos los anticuarios Miguel de Espinosa, conde del Águila; Andrés Burriel; Patricio Gutiérrez Bravo; Luis José Velázquez de Velasco, márques de Valdeflores; Gregorio Mayans i Siscar; Francisco Pérez Bayer; o los hermanos Mohedano por citar algunos nombres. De unos obtenía materiales e informaciones -dibujos y transcripciones de objetos, monedas y epígrafes, copias de códices-, con otros intercambiaba opiniones sobre temas concretos y, la mayoría de las veces, no exentos de polémica, como, entre otros, el de la Historia Compostelana, contra la que se levantó la voz del jesuita Juan Francisco Masdeu, o su definición de los límites de la antigua Cantabria, que originó la réplica de Hipólito Ozatea y la contrarréplica de Manuel Risco. Pero su gran adversario fue Mayans, el historiador ilustrado más requerido y consultado allende los Pirineos, quién, particularmente interesado en sacar a la Historia de España del oscurantismo a la que se había visto sometida desde Felipe II por las esferas católicas más recalcitrantes, se convirtió en la "bestia negra" de la historiografía oficial del siglo XVIII a pesar de que, en ocasiones, su hipercriticismo le llevó a condenar documentos genuinos, trampa en la que también caería, sin embargo, el propio Flórez (cf. Vallejo 1997). Si bien su intercambio de informaciones y opiniones era fluido y con el respeto debido a las normas elementales de la cortesía, no coincidían en las conclusiones de muchas materia abordadas por ambos y que resultaban en posturas encontradas tales como la venida de Santiago a España o la era Hispánica. Mayans se mostraba tajantemente intolerante con Flórez ante su debilidad en aquéllas cuestiones en las que el componente religioso tradicional interfería y le impedía calificar tradiciones o documentos como apócrifos utilizando un doble argumento que, por nebuloso, dejaba la puerta abierta a las especulaciones: "las tradiciones particulares de las iglesias no se deben despreciar por no ser generales; pero tampoco se deben calificar de tradiciones, las que solo se conocen por la voz, o el empeño de tal, o qual moderno ... Mi intento es, esforzar las que pudiere, con tal que a la que se dice tradición no contrapesen mayores fundamentos. Por tanto dejo passar algunas cosas, en que quisiera descubrir mas firmeza; pero por ser sagradas, y no hallar convencimiento en contra, mas quiero exponerme a la censura de los críticos, que desayrar la reputación de la piedad (ES III, prólogo)". También la impericia epigráfica de Flórez exacerbaba a Mayans, sobre todo cuando se atrevía a despreciar el trabajo de calidad de otros como el de su amigo Josep Finestres: "Si VS me habla de las inscripciones de Cataluña del gran Finestres, mi amigo, digo que son unas instituciones admirables para el estudio de las inscripciones romanas. Contra las cuales escribió con mucha ignorancia y desvergüenza el maestro Flórez, que las disfrutó en su España Sagrada, cuyos vergonzosos disparates corrigió D. Ramón Lázaro Dou, discípulo de Finestres" (carta de Mayans al Conde del Aguila, Valencia 25/12/1778; apud Mestre 1990, 65 nº 80). Aunque no explícitamente, en su Historia de la Epigrafía Hispana Mayans hace evidente muestra de su poca consideración de Flórez como epigrafista, pues sólo hay un breve comentario a su utilización de las inscripciones en la ES (Henricus Florez, monachus Augustinianus, anno 1747, edere coepit Hispaniam Sacram, ubi multae occurrunt Inscriptiones, Mayans Introductio, p. 92). Tampoco apreciaba en demasía su trabajo el Marqués de Valdeflores, quien le auguraba a Flórez su propio descrédito "dejemos a Florez, que él tendrá cuidado de desacreditarse con sus libros... " (carta a A. Montiano B.N. ms. 17546, apud Munianin 2000, 242 nota 108). A esta opinión desfavorable de gran parte de sus contemporáneos por su crítica selectiva hay que añadir la circunstancia de que no le faltaban escrúpulos a la hora de destruir documentación cuando consideraba que no debía ser leída porque infamaba a la Nación, como aconteció en el caso de unos folios de un manuscrito escurialense escritos por un presbítero cordobés: "en dichas hojas llevaba el dicho presbítero una opinión nada favorable al honor de esta Nación ... el P. Rábago y yo lo entregamos al fuego, a fin de que no perseverase vestigio; y quiera Dios que no se descubra en otra parte..." (apud Campos 1996, 56, nota 175).

Las dificultades con las que se había topado en su camino como aprendiz de historiador incitaron a Flórez a componer dos obras dedicadas a la instrucción de los jóvenes; una impresa en Madrid en 1743, la Clave Historial, le sirvió de guía en la ES. La otra -aunque editada en 1769 de forma independiente-, la Clave Geographica para aprender Geographia los que no tienen maestro, fue incluida en el primer tomo de la España Sagrada, su opus magnum.

La ES, cuyo título completo es España Sagrada. Theatro Geográphico-Histórico de la Iglesia de España. Origen, Divisiones y Términos de todas sus Provincias. Antigüedades, Traslaciones y Estudio antiguo y presente de sus Sillas, en todos los Dominios de España y Portugal. Con varias Dissertaciones críticas, para ilustrar la Historia Eclesiástica de España, fue una de las mayores empresas historiográficas del siglo XVIII español, que contó con el apoyo del rey Fernando VI y de la Orden de San Agustín, todavía está inconclusa. La parte realizada por Flórez son 29 volúmenes, de los cuales, entre los años 1747 y 1750, se editaron los cinco primeros tomos y el resto fueron saliendo hasta 1775, dos de ellos con posterioridad a su muerte. La obra fue continuada por los agustinos: Manuel Risco se ocupó de la edición de los tomos 30 al 42; Antolín Merino y José de la Canal se ocuparon de los tomos 43-46. Como consecuencia de los acontecimientos históricos que se desarrollaron en España en 1836 con la desamortización de las órdenes religiosas, la obra se interrumpió hasta su reanudación bajo los auspicios de la Academia de la Historia: en 1850 se editaría el tomo 47 por Pedro Sáinz de Baranda que también preparó el 48; Vicente de la Fuente se ocupó de los tomos 49 y 50 publicados en 1865 y 1866, y Carlos Ramón Fort, del 51 editado en 1879. Tras otro lapso el volumen 52, encargado a Eduardo Jusué, apareció en 1917, y finalmente Angel Custodio Vega compuso los dos siguientes -últimos publicados-, que aparecieron en 1957.

Aunque en un principio la ES iba a consistir en una serie cronológica en la que iban a tener cabida papas, emperadores, reyes, concilios, santos y herejes, ese objetivo inicial experimentó un cambio convirtiéndose en una geografía eclesiástica de España con la descripción de sus sedes episcopales, que pretendía ampliarse a una Historia General de la Iglesia de España. En su obra Flórez, imbuido del espíritu ilustrado, utilizaba un método de rigor sistemático basado, en la medida de lo posible, en el uso y consulta de las fuentes documentales directas. Por ello no escatimó ni tiempo ni dinero en la revisión de documentos en archivos y librerías, su copia, comprobación y cotejo de lecturas de los distintos códices. Indispensables para su investigación sería la Numismática, instrumento esencial para la localización de cecas y ciudades; de ahí su preocupación por la procedencia exacta de las piezas, a la que dedicaría una de sus obras publicada en dos partes en 1757 y 1758 (Medallas de las Colonias, municipios y pueblos antiguos de España), completada con una tercera, que saldría en 1773 con nuevas inéditas más las visigodas. Lo mismo ocurría con la Epigrafía para la que se sirvió de las ya abundantes ediciones que existían y de su red de colaboradores. A pesar de todo, él mismo procuraba verificar las lecturas dudosas tanto de las monedas como de las lápidas que conocía de antemano, y a ello le ayudaron, naturalmente, los múltiples viajes que realizó, entre 1757 y 1772, por toda la geografía española acompañado de su ayudante F. Méndez, en los que además de los archivos visitaba las colecciones de antigüedades y los monetarios más famosos del momento y los lugares en que se podían encontrar monedas o inscripciones. De la importancia que para Flórez tuvieron estos viajes de documentación da prueba también que él mismo se preocupase de dar a la luz, en 1765, aquel que dos siglos antes realizara Ambrosio de Morales a León, Galicia y Asturias por motivos y con fines similares a los suyos.

Poco antes de su muerte, en uno de estos viajes (del 12 al 18 de octubre de 1772) y con motivo de la revisión de las monedas visigodas del monetario del colegio de San Ildefonso se reencontraría, otra vez, con la ciudad de Alcalá de Henares. A su época antigua (La Iglesia de Compluto hoy Alcalá de Henares) no le había quedado más remedio que dedicar ya en el tomo VII de la ES, editado en 1751, seis capítulos: el primero versa sobre el nombre, la antigüedad y el sitio de la villa y en él hace mención al miliario de Valtierra ya recogido por Ambrosio de Morales (CIL II 4914); el segundo titulado De la región y menciones antiguas de Compluto está dedicado al debate sobre el sitio de Complutum siguiendo también en ello a Ambrosio de Morales. El resto de los capítulos versan sobre sus mártires y la cristianización y obispado de Complutum: La Antigüedad del Evangelio en Compluto y del martirio de San Justo y Pastor; Del principio del obispado en Alcalá y su primer obispo, Asturio; De las traslaciones de los cuerpos de los santos niños y Santos de Alcalá.

La ubicación de Complutum, en su época, estaba lo suficientemente asegurada como para que la epigrafía complutense le despertara otros intereses además del geográfico; sólo "por servir para Osma" incluyó la inscripción del uxamensis Licinius Iulianus (ES VII, 167). Quizá por ello le prestó menor atención que a la de otros lugares de Hispania, cuyas inscripciones están diseminadas por toda su obra hasta el punto de que su labor epigráfica se vio recompensada por su nombramiento, en1761, como individuo de la Academia de Inscripciones de París. No en vano la ES le fue muy útil a Hübner que la elogia tanto por su concisión como por el juicio sano y prudente de E. Flórez al abordar cuestiones de epigrafía.

 
 
 
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  BIBLIOGRAFÍA: Gregorio Mayans i Siscar, Introductio ad veterum inscriptionum historiam litterariam (L. Abad - J. M. Abascal eds., Madrid, 1999); F. Méndez, Noticias de la vida y escritos del Rmo. P. Fr. Henrique Flórez con una relación individual de los viages que hizo a las provincias y ciudades más principales de España, Madrid 1860 (reimp. facsímil, Pamplona, D.L. 2001); AE Hübner, Corpus Inscriptionum Latinarum II: Inscriptiones Hispaniae Latinae, Berolini 1869, pág. XXI n. 69; A. Mestre, Correspondencia de los Ilustrados Andaluces, Sevilla, 1990; J. Campos y Fernández de Sevilla, Enrique Flórez. La pasión por el estudio, Madrid, 1996; M. Vallejo Girvés, Enrique Florez y sus contemporáneos ante la intervención de Gregorio Magno en obispados de la España Bizantina, Hispania Sacra XLIX, 1997, 655-673; G. Mora, Historias de Mármol. La Arqueología Clásica española en el siglo XVIII, Madrid 1998; S. Muniain Ederra, El programa escultórico del Palacio Real de Madrid y la Ilustración española, Madrid 2000; M. Vallejo Girvés, Enrique Flórez y la Numismática de la Hispania Antigua: el gabinete numismático de la Universidad de Alcalá, Actas del X Congreso Español de Estudios Clásicos, Vol. III, Madrid, 2001, 429-439; J. Campos y Fernández de Sevilla, La presencia del P. Flórez en Alcalá (1725-1750), Anales Complutenses, XIV, 2002
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