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CORPVS INSCRIPTIONVM LATINARVM II
    
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ANTONIO PONZ PIQUER
(Bejís/Bechís(Castellón), 28-06-1725-Madrid, 04-12-1792)
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Antonio Ponz, el "abate Ponz" –como sería conocido en su época-, antes de iniciarse en el arte de la pintura, cursó Gramática y Humanidades en el seminario de Segorbe y Teología en la universidad de Valencia, graduándose en Gandía. Alternaba estos estudios con los de lenguas extranjeras y con sus primeras clases de dibujo junto al pintor Antonio Ricart. En 1746 se trasladó a Madrid donde dos años antes se habían iniciado los trámites para la fundación de la Academia de Bellas Artes, de cuya junta preparatoria formó parte, en la que perfeccionó sus técnicas del dibujo y la pintura. Después de cinco años de estancia en la Corte viajó a Italia para ampliar y perfeccionar sus conocimientos en pintura y poder estudiar a los grandes maestros italianos. Primero recorrió el Norte del país y luego se dirigió a Roma en donde permaneció ocho años. Allí conoció a Pedro Francisco Jiménez de Góngora y Luján, duque de Almodóvar, que llegaría a ser Director de la Real Academia de la Historia (1792-1794), así como al pintor Raphael Mengs con quien mantendría siempre una gran amistad. Pero fueron sobre todo el arqueólogo Johann Joachim Winckelmann y el erudito Francisco Pérez Bayer quienes le ilustrarían en la estética de lo antiguo y su valor histórico y con quien tuvo ocasión de visitar, en 1759, las ruinas de Pompeya y Herculano.

Su aprendizaje en Italia y su círculo de amistades le proporcionaron la fama y los contactos suficientes para que, tras su estancia en Nápoles y de vuelta a España, le fueran encomendadas tareas vinculadas al patrimonio de la Corona o del Estado: en Madrid la decoración de la biblioteca de El Escorial y el examen de sus fondos. Tras la expulsión de los jesuitas (1767), Pedro Rodríguez de Campomanes, a la sazón fiscal del Consejo Real, le propuso recorrer Andalucía para hacer inventario y descripción del patrimonio pictórico de los colegios de los jesuitas. Pero el abate no se limitó a ello sino que fue recopilando, además de noticias relativas a monumentos artísticos de todo tipo, otras relativas a usos y costumbres, recursos o población de las localidades. Espoleado por las descripciones de algunos viajeros europeos que fomentaban la difusión de la Leyenda Negra, Ponz aspiraba a disponer de una base de datos sobre la realidad de la España de su tiempo que permitiera emitir juicios de valor fundamentados. Para ello decidió hacer una guía destinada a viajeros en la cual, además de describir cuidadosamente el patrimonio artístico, se ofreciesen informaciones fidedignas y correctas para subsanar las carencias y corregir los errores impresos por los extranjeros. En 1771 comenzó su recorrido por España y en 1772 ya salió publicado el primer tomo del Viage de España, o Cartas en que se da noticia de las cosas mas apreciables y dignas de saberse, que hay en ella. Los 17 restantes, dedicados a su protector el príncipe Carlos, se publicaron entre los años 1772 y 1794, los dos últimos póstumos a cargo de su sobrino. En los dos primeros utilizó como seudónimo Pedro Antonio de la Puente; tras el éxito y aceptación de los anteriores, a partir del tercero, dedicado a Carlos III, ya figuró su verdadero nombre. Aunque siempre había contado con ayuda de la Corona para su proyecto, a partir de la publicación del tercer tomo en 1774, el rey le concedió una renta eclesiástica, la "prestamera" de Cuerva, una localidad toledana que, "aunque no de las mas ricas, producia lo suficiente para la subsistencia" (apud Gebauer 1994, 13). Esta guía de viajeros -a la que le faltan Galicia y la zona cantábrica, Murcia, y la Andalucía oriental- redactada conforme al género epistolar y con ilustraciones de Gregorio Ferro, que para abaratar costes y facilidad de manejo se editó en un formato pequeño, alcanzó tal éxito que se hicieron traducciones a otros idiomas, en 1774 al francés y en 1775 al alemán.

El trabajo de Antonio Ponz fue reconocido y premiado en diversas ocasiones: en 1776 el rey le nombró Secretario de la Real Academia de las tres Bellas Artes. En 1790, año en el que dimitió del cargo anterior a causa de su mala salud, fue nombrado consejero honorario por Carlos IV. Fue miembro de las Academias de la Arcadia y de San Luca en Roma, de la Real Academia de la Historia (supernumerario) y de las Reales Sociedades Bascongada y Económica Matritense y de Granada y en 1778 fue nombrado miembro de la London Society of Antiquaries.

En 1783 Ponz inició otro viaje por Europa que le llevó a Francia, Flandes, Países Bajos e Inglaterra. Con el material recopilado compuso en dos tomos, publicados en 1785, el Viage fuera de España en el que, sin embargo, incluyó también partes de ésta: el itinerario de ida desde Toledo a los Pirineos y el de regreso desde el País Vasco hasta Madrid. En el prólogo del tomo I aprovechó para referirse y criticar las aseveraciones de los viajeros italianos, ingleses y franceses cuyas descripciones humillaban y denigraban a la nación; en el del tomo II, el objeto de sus iras es Masson de Morvilliers, quien en su Encylopédie Méthodique había hecho gala de su hispanofobia. A pesar de que el objetivo prioritario del viaje eran las Bellas Artes y el aprendizaje de las innovaciones que se estaban produciendo en Europa con vistas a una reforma de las mismas en España, no menos importante era la intención perseguida por esta publicación de difundir entre los españoles las ventajas de otras formas de vida, las innovaciones tecnológicas y sus repercusiones en la economía europea, área de influencia de la que los españoles se sentían parte integrante.

Alcalá de Henares es de los primeros lugares visitados por Antonio Ponz en su viaje por España y describe su patrimonio en las cartas sexta y séptima del primer tomo. A la ciudad se acercó no por el Camino Real sino rodeando por Loeches donde vio "una de las iglesias mas ricas de pintura de cuantas he visto en España". Desde Loeches fue hasta Alcalá "por un camino razonable y llano, hasta descubrir aquella ciudad desde el principio de una cuesta que es menester bajar hasta el río Henares".

Aunque la mayoría de las inscripciones que Ponz incluye en su Viaje las obtuvo de ediciones anteriores, amigos o eruditos como Luis José Velázquez de Velasco, marqués de Valdeflores, sí pudo inspeccionar tres inscripciones complutenses en Alcalá, de las cuatro que conocía por las Antigüedades de Ambrosio de Morales: en la iglesia magistral ya no encontró la inscripción dedicada a Tutela ("miré en la Iglesia, y alrededor de ella si encontraba la inscripcion que trae Morales en el libro de sus Antigüedades fol 18, y es... pero no la encontré"; Carta VII, §5; CIL II 3031). Más suerte tuvo en el patio del Colegio del Rey, donde encontró el cenotafio de Caius Valerius Avitus ("entrando en este patio se vé puesta á mano izquierda la lápida que Ambrosio de Morales dice haber hecho traher él de Alcalá la Vieja". Carta VII, §12; CIL II 3035) y el miliario de la Barca de los Santos (CIL II 4912) aunque no tenía la completa seguridad de que fuera éste ("en un ángulo de este mismo claustro hay otra inscripción en una gruesa piedra redonda con letras grandes... acaso será la que Morales leyó a poco más de una legua de Alcalá, junto a la barca... pero aquella tiene la tribunicia potestad, y el consulado, lo que no hay en la referida, que puede tambien faltar por haberse roto, o borrado"; Carta VII, §13); por último encontró la del uxamense Licinus Iulianus "en la calle que llaman de Roma, junto a Santa Ursula ... colocada ahora junto á una ventanilla, que parece serlo de algun sótano" (Carta VII, §23; CIL II 3036).

Ponz alude también a las ruinas del Juncal, entre ellas el "Paredón del Milagro", ruina que algunos consideraban perteneciente a la escuela de los Santos Niños Justo y Pastor. Para Ponz en este lugar debe situarse la antigua Complutum, término que explica a partir de compluvium, punto donde las aguas confluyen, como ocurre allí con las de los arroyos Camarmilla, Camarma y el Torote que van a juntarse con el río Henares. Menciona asimismo el cerro de la Veracruz donde se asienta un castillo y las ruinas de la antigua Alcalá.

Queremos destacar que, a pesar de sus comentarios sobre los restos antiguos de las ciudades, no le habría hecho ninguna gracia a Antonio Ponz verse aquí calificado por nosotros como anticuario, actividad a la cual no se sentía en absoluto vinculado ("harto será que yo no me vaya también convirtiendo en anticuario", tomo XVI, carta VI, §36 apud Román 1994, 77) y a la cual alude, a lo largo de su obra, muchas veces en tono más bien escéptico cuando no irónico. Obligado, por la costumbre de su tiempo, a incluir en su Viaje las referencias a los restos antiguos visibles de los lugares visitados, se mostraba incrédulo ante las lucubraciones sobre sus nombres antiguos por lo que en numerosas ocasiones procuraba evitarlas. Desconfianza particular le producían las especulaciones etimológicas del historiador erudito: "han notado algunos en este viage que me detengo poco en hablar del principio y origen de nuestras célebres ciudades, y de sus fundadores, como si este asunto no fuera más propio de historias que de viajes, y como si en aquéllas no se hubieran escrito sobre esto muchas páginas, acaso con más erudición que realidad" (Carta I §1, apud Román 1994, 75). Anticuario era para Ponz aquél que podía sacar partido a las lápidas y monedas antiguas, las únicas "antiguallas" verdaderamente fiables para conocer los nombres antiguos de las ciudades (Román 1994, 73). Al abate ilustrado le interesaba más lo práctico, lo útil, todo aquello que pudiera mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, hasta el punto de contraponer el término de "modernario", creado por él, al de anticuario (Román 1994, 80), ese amigo al que complace dedicándole en su obra las "antiguallas y vejestorios" que encuentra en su camino.

 
 
 
Antonio Ponz
Antonio Ponz
 
 BIBLIOGRAFIA: Ae. Hübner, Corpus Inscriptionum Latinarum II: Inscriptiones Hispaniae Latinae, Berolini 1869, pág. XXIII n. 74; H. J. Lope (ed.), Antonio Ponz (1725-1792). Coloquio hispano-alemán organizado a la Biblioteca Ducal de Wolfenbüttel (3 y 4 de diciembre de 1992) con motivo del segundo centenario de su muerte, Frankfurt, 1994 con amplia bibliografía sobre el autor en pág. 87-91; A. Gebauer, Esbozo biográfico de Antonio Ponz, en: H. J. Lope (ed.), op. cit., 9-18; I. Román, Antonio Ponz y la "erudición útil", en: H. J. Lope (ed.), op. cit., 73-85; D. Crespo Delgado, "Il giro del mondo". El viaje fuera de España (1785) de Antonio Ponz, Reales Sitios, 39 (152), 2002, 74-81.
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