Miembro de una de las familias más célebres de impresores de Venecia, Aldo
Manuzio il Giovane fue nieto por línea paterna del insigne Aldo Manuzio il Vecchio (Aldo
Manucio el Viejo, 1449? 1515), de quien no sólo heredó el nombre, sino también
el gusto y el celo por la preservación del legado de la cultura clásica, sin que
desmereciese por ello la parte que le corresponde en su formación humanística a su padre
Paolo Manuzio (Pablo Manucio). Su abuelo atraído, como muchos otros hombres de negocios,
por las expectativas que ofrecía la cosmopolita Venecia -avanzadilla de oriente en
occidente, donde la presencia de maestros bizantinos greco-parlantes así como la mayor
accesibilidad a obras y manuscritos procedentes de Constantinopla los convertían en más
asequibles-, no sólo instaló en ella sus talleres sino que también constituyó una de
las mejores bibliotecas europeas especialmente en manuscritos y códices griegos. En Aldo
convergían todas las condiciones propias del humanista empezando por una sólida
formación y conocimiento de las lenguas clásicas, de los autores latinos pero sobre todo
griegos, a los que dedicó un gran parte de su esfuerzo editorial para superar las
deficiencias y defectos de los que adolecían las ediciones al uso. Rodeado de los
helenistas más famosos de la época para la colación, revisión y crítica de
manuscritos y códices entre ellos el cretense Demetrio Ducas, antecesor de Hernán
Núñez de Guzmán y primer profesor de griego traído por Cisneros a la Universidad de
Alcalá para supervisar el texto del Nuevo Testamento (Gómez Moreno 1994, 311), las
ediciones producidas en sus talleres se hicieron famosas con gran celeridad por su alta
calidad tanto en la tipografía como en el contenido. Aldo el Viejo fue el mayor
revolucionario después de Gutenberg en las artes del libro: además de renovar los
caracteres griegos, inventó nuevos tipos romanos que tomaron, por él, el nombre de
"aldinos", de los que resultaba una cursiva que permitió desterrar la enojosa
letra gótica, aligerando las ediciones. Gran innovación fue también la adopción del
octavo en el formato de los libros que los hizo mucho más manejables y posibilitó
tiradas más amplias con costes más bajos. Si sus ediciones de literatura griega y latina
tuvieron gran eco en Europa, no tuvo menos impacto, por sus xilografías, la Hypnerotomachia
Poliphili de Francesco Colonna, cuya repercusión en España tampoco fue menor tanto
en la escultura como en la invención de falsos epigráficos (cf. Beltrán 1987). Muerto
relativamente joven, su hijo Paulo, padre de Aldo Manuzio el Joven, perpetuó la memoria
del padre tanto en la continuación del negocio como en el cultivo de las letras.
Latinista admirador de Cicerón, distinguido en el género epistolar y aficionado a las
antigüedades romanas, fue llamado a Roma para trabajar en la curia no sin antes haber
inculcado a su hijo Aldo la tradición familiar en el negocio y en las humanidades. Sólo
un año después de la publicación del De Legibus (1557) de Paulo, salieron de la
imprenta las Eleganze della lingua toscana e latina (1558) a nombre de su hijo, que
entonces contaba tan sólo nueve años, una colección de dichos y frases que Paulo parece
haber utilizado en la formación del niño. Tres años después, Aldo publicó en Venecia
una Ortographiae ratio, un tratado que pretendía la normalización de la lengua
latina, para el que manejó diversos manuscritos y ediciones anteriores sobre dicha
materia pero también numerosas inscripciones. A modo de thesaurus, las palabras
siguen un orden alfabético ilustradas por medio de citas latinas o textos epigráficos.
Estas dos obras, Elegantia y ortographia, son buenas representantes del
momento en que los filólogos humanistas buscan un modelo de elegancia en el estilo y la
escritura latina; por un lado en la literatura -especialmente en Cicerón- y por otro en
las inscripciones, únicos testimonios de la lengua libres de contaminación. Así se
entiende que tanto Paulo como su hijo Aldo reunieran una gran colección de textos, cuyos
manuscritos se conservan en gran parte en la Biblioteca Vaticana (Vat. Lat. 5234. 5237.
5246. 5249. 5253). Algunos de estos epígrafes fueron incluidos por Aldo ya en la primera
edición, aunque es en la segunda publicada en Venecia en 1566 (Ortographiae ratio ab
Aldo Manutio Paulli f. collecta ex libris antiquis, grammaticis, etymologia, graeca
consuetidine, nummis veteribus, tabulis aereis, lapidibus amplius m. d.) donde más
inscripciones utiliza, como ya indica Antonio Agustín, el cual, si bien celebra la gran
utilidad de la obra, sin embargo la critica tanto por la utilización indiscriminada de
las inscripciones, sin diferenciar la cronología, como por la inclusión de falsos, sobre
todo en la primera edición: juntaro(n) (i.e. Paulo y Aldo) un libro entero de
inscriciones para solo el provecho de la orthographia y ahunq(ue) no distinguieron los
tiempos de las elegantes a las otras, y lo que peor es toparon con algunas falsas y las
passaron por verdaderas, y algunas vezes no se persuaden que lo antiguo sea lo bueno, sino
lo q(ue) ellos imaginan que lo es: todavía el libro ayuda mucho para aquel provecho, y
para otros (Diálogos de Medallas e Inscriciones, Tarragona 1587, 340). Aldo
completó, la segunda edición con una serie de instrumentos para facilitar la lectura de
los textos (notarum veterum explanatio, interpungendi ratio, Kalendarium vetus
romanum e marmore descriptum, cum Paulli Manutij patris commentariolo, de veterum dierum
ratione et kalendarij explanatione. Aldi Manutij, avi, de vitiata vocalium ac
diphthongorum prolatione parergon). Al igual que sus dos predecesoras, la de J.
Mazochi y la de P. Apianus, esta edición se utilizaría como obra de referencia durante
largos años.
Si no habían sido escasas las inscripciones hispanas utilizadas por Aldo en sus
ediciones, muchas más son las que quedaron guardadas en sus manuscritos. Éstos de
procedencia y condición muy dispar incluyen desde copias de ediciones de autores
anteriores bien conocidos, como P. A. Beuter, hasta syllogai muy completas como la
de A. Bassiano o breves schedae
anónimas, no por ello menos valiosas. A esta última clase pertenecen tres epígrafes del
territorio complutense (CIL
II 3044. 3045.
3046) vistos por
un autor anónimo in oppido de Torres (i. e. Torres de la Alameda) Toletan(ae)
diocesis per leucam distan(te) a ciuitate Complutensi iuxta heremitorium Sanguinis Christi.
De las tres hoy sólo es visible una (CIL II 3044) en el exterior de la ermita de la
Soledad donde se colocó en el siglo XVIII, las otras dos sólo se conocen gracias al
manuscrito de Aldo (Vat. Lat. 5249 f. 71).
Aldo, había recuperado la fama y había dado nuevo lustre a la tipografía de su
abuelo; había ampliado su biblioteca hasta alcanzar los ochenta mil volúmenes; su
experiencia editorial hizo que, en 1599, fuera encargado por la curia pontificia de la
imprenta vaticana. Antes pudo experimentar el placer de la enseñanza impartiendo clases
de elocuencia en las universidades de Bolonia, Pisa y Roma. Aunque las prensas aldinas no
volvieron a alcanzar el mismo esplendor de sus primeros tiempos, Aldo Manuzio, hijo de
Paulo, nieto del viejo Aldo las mantuvo hasta su muerte, cuando la más famosa imprenta
del humanismo inició un declive sin retorno. Fueron los tres Manucios piezas
fundamentales para la transmisión de la cultura clásica y el buen arte de las ediciones
como refleja el erudito Angelo Rocca (1545-1620) (apud Dupont, 31) en el poema que les
dedicó:
Aldus Manucius senior moritura Latina
Graecaque restituit mortua ferme typis.
Paulus restituit calamo monumenta Quiritum,
Utque alter Cicero scripta diserta dedit.
Aldus dum iuvenis miratur avumque patremque,
Filius atque nepos, est avus atque pater.
© H. Gimeno Pascual
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BIBLIOGRAFÍA: E.
Hübner, CIL II p. XIV, 31. P. Dupont, "Les Alde" en: Histoire de
limprimerie, II, Paris 1854 (ed. facsimil 1977), 11-32. I. Calabi
Limentani, Epigrafia Latina (3. ed.), Milano 1973. J. Beltrán Fortes, Una
inscripción falsa de la Hypnerotomachia Poliphili atribuida erróneamente a Teba
(Málaga), Faventia, 1987, 119-133. A. Gómez Moreno, España y la Italia
de los Humanistas. Primeros ecos, Madrid 1994. M. Lowry, The world of Aldus
Manutius, Oxford 1979. Idem, Magni nominis umbra? L'editoria classica da
Aldo Manuzio vecchio ad Aldo giovane, in La stampa in Italia nel Cinquecento, a
cura di Marco Santoro, Roma (1989) 1992, vol. I, 237-253.
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